Posteado por: eltendido | 10 abril 2009

Picasso y los toros

la cogida

La afición de Pablo Picasso por la tauromaquia está más que contrastada, tanto por su obra artística como por las numerosas anécdotas que protagonizó. Gómez de la Serna lo llamo “el toreador de la pintura“, tal era la pasión que le profesaba a la fiesta de los toros. Entre pintura, dibujo, escultura y obra gráfica, se puede afirmar que la producción artística del malagueño en este campo constituye una de sus constantes vitales. La corrida le inspira el rito ancestral que enfrenta al hombre con el drama de la muerte, aunque pensó que nunca llegó a plasmar lo que realmente pretendía.

Pablo Ruíz -así se firmaba en su niñez- pintó el pequeño picador amarillo, su primera pintura al óleo, en 1889, al corta edad de ocho años, bajo la supervisión de su padre, tras presenciar una corrida de toros y de la que siempre se negó a separarse.

Nunca dejó de asistir a una corrida de toros en cuanto se le presentaba la menor ocasión. Desde su Málaga natal, pasando por Madrid, Burgos y San Sebastián, hasta las celebradas en la localidades francesas de Nîmes, Céret, Collioure, Fréjus y Arlès, ya en el exilio. En una de estas últimas, un picador le brindó su faena lanzándole su sombrero. Picasso se lo devolvió con un dibujo que había improvisado durante la lidia. Al finalizar el festejo, el varilarguero le comentó a Eugenio Arias que uno de los toreos que intervenían esa tarde le había ofrecido cincuenta duros por el castoreño y que él había accedido. Arias le aconsejó que lo recuperase porque había hecho un mal negocio. Años más tarde, se volvieron a encontrar y el picador le relató que gracias a la venta del sombrero había podido comprarse una casa.

A partir de 1951, Picasso contribuye incluso al establecimiento de una temporada taurina en Vallauris, organizadas por el torero madrileño Paco Muñoz, para la que realizará el diseño de su cartelería. Cuenta Ramié que “el domingo, al caer la tarde, un cartel muy honorable anunciaba a veces a famosos toreros que habían ido a visitar al pintor y a rendirle homenaje. Entonces se asistía a un simulacro de corrida con la apariencia de una capea de pueblo, para mayor gozo de Picasso que, como es lógico, estaba en la presidencia. Se liaban novillos jóvenes tanto por los diestros invitados como por caballeros en plaza, que lo hacían a la portuguesa, pero con rejón inofensivo…“.

En este sentido, y con motivo del ochenta cumpleaños del pintor, se organizó una corrida en la que torearon Domingo Ortega y Luis Miguel Dominguín, grandes amigos del malagueño. En este pueblo francés no estaba permitido matar al toro y lo hicieron. Nunca le pusieron multa.

La tauromaquia representaba para él lo más profundo de su arraigada filiación hispánica y así lo sintió hasta su muerte, ocurrida lejos de su amada España.

Este post se publica con motivo de la organización de la primera corrida picassiana, que se celebra mañana Sábado de Gloria en la plaza de toros de La Malagueta y que será retransmitida por Telecinco a partir de las 18:30 horas.

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Responses

  1. El Picador de toros al que Picasso dibujo y firmo en el ala del castoreno tras brindarle este la suerte de baras en un coso frances , fue el piquero malagueno Jose Sampe Mejias .

    • Muchísimas gracias por la aportación, Juan Carlos. Un saludo.


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